Hágase mi voluntad, el último libro del poeta Ángelo Néstore, acaba de ver la luz en la editorial Pre-Textos. Con este poemario, y tras publicar Adán o nada (Bandàaparte Ediciones, 2017) y Actos impuros (Hiperión, 2017), el italiano afincado en Málaga se alzó hace unos meses con el XX Premio de Poesía Emilio Prados.
En él se retoman buena parte de los temas y motivos ya presentes en sus obras anteriores, muy valoradas: el peso de la herencia familiar como lugar de represión, la reflexión poética sobre la identidad queer y las subalternidades, la omnipresencia de la educación judeocristiana en nuestras relaciones o la denuncia feminista; aunque afrontados ahora desde una perspectiva diferente, más adulta. Consciente de que la contradicción es un arma política, Néstore no teme corregirse, matizar sus ideas o vehicular una nueva poética, a la manera de quien entiende su trayectoria no como hitos aislados o acumulación de galardones, sino como un espacio abierto de debate y pensamiento, en constante desarrollo.
El libro presenta dos partes diferenciadas, tituladas "Lo bárbaro" y "Lo inhabitable", que ya desde este epígrafe explicitan la centralidad que el territorio ocupa en su poesía, como forma de deslocalizar la identidad, el género, el lenguaje. A Néstore le interesa lo fronterizo, lo abyecto, la alteridad más radical que es al mismo tiempo la más politizada y la más inquietante. La primera parte se divide a su vez en dos cuadros o capítulos, "Poder" y "Queer", que alumbran un universo poético -aunque reconocible en la realiad- en el que los cuerpos y las relaciones han sido definitivamente tensados por las jerarquías patriarcales, las violencias y las opresiones, sin que exista lugar para la inocencia o la ternura.
La poesía de Néstore es especialmente brillante en su potencia simbólica, sabiendo condensar en poco espacio -y con pocas palabras- todo un imaginario masculino de abusos y fetiches: "Cada vez que leo la palabra violencia,/ en secreto enseño los dientes./ Cada vez que escucho la palabra miedo,/ asoma un hilo de baba desde mi boca". Pero esta corporalidad tan agresiva -propia, por otro lado, de la performance en la que tan cómodo se siente Néstore-, no es incompatible con momentos poéticos de una vulnerabilidad y una afectividad deslumbrantes: "Mi madre compró un nicho en Italia y me dijo:/ aquí descansaremos los dos con tu padre".
En definitiva, Hágase mi voluntad se convierte en una nueva ocasión de disfrutar de la poesía luminosa y política del poeta italiano y de seguir una carrera que amenaza felizmente con ser brillante y larga.
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